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El mensaje loco

El mensaje loco es aquel texto enviado telefónicamente a raíz de la mal llamada “incontinencia motriz dedal” o “desconexión parcial o total de tus neuronas”, dos síntomas que suelen presentarse los días viernes o sábados entre las 23.59 hs y las 9 hs (aunque también puede darse fuera de esta franja horaria, no lo descartemos). El mensaje loco tiene dos posibles destinatarios: el de siempre o el de nunca. El de nunca es mensaje loco porque no da, porque no es un “destinatario de nunca” que no sabe que le querés dar, sino que es una persona conciente de tus ganas pero que no te da cabida. Y sabés que perdés, sabés que lo mandás y en esas 4 ó 5 palabras le pagás al diablo otra cuota (sí, otra) de tu dignidad (no queda tanta, después de todo, pero la poca que queda mataría guardarla, no?). Posiblemente “el de nunca” no te conteste, te responda al otro día cuando se haya cortado la bocha o, directamente, te conteste con evasivas (recurso muy utilizado por “el de nunca”). El de siempre es ...

Depende de cómo se lo mire

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Ich bin am liebsten oben.

Ay qué orondo pasás arriba de tu caballo... Es un pony, flaco, date cuenta. "Bajáte, bajáte" te grita la plebe, pero no querés. No te animás porque tenés complejo de inferioridad y ese bicho es lo único que te mantiene arriba (¿arriba de quién?). De abajo se te ve ridículo, nadie te entiende... pobre incomprendido... Vestís el traje invisible de todo rey, pero no sos el rey, por más de que tus súbditos te hagan creer que sí. Y así no lo vas a ser nunca. En mi barrio los reyes son diferentes. Mi parte está hecha. Cumplí, te avisé. Y te pego el grito cada vez que puedo, aunque no se escuche bien a la distancia, y aunque no te importe y prefieras seguir dando vueltas en círculos pantanosos arriba de tu pony.

...o de todo lo que hice para no sentar el culo en la silla...

Sólo quien se haya privado de salir durante un mes para preparar un final puede entender las sensaciones que nos atraviesan en medio de esa instancia. Sólo quien se haya colgado por más de media hora mirando el calendario con la lapicera en la boca y haciendo cálculos ilógicos, puede comprender la contradicción de los deseos que nos acechan en época de “preexamen”. Porque por un lado queremos que el tiempo avance y estar ya recibiendo la libreta firmada con una buena nota y sonrisita cómplice del profesor, pero por el otro queremos que el tiempo se detenga, que dejen de sucederse los días, las horas y los minutos, porque sabemos (sí, sí, estamos seguras) de que a este paso no aprobamos ni en pedo, que si no nos ponemos las pilas YA, esas tres semanas que quedan hasta el final van a ser las peores de nuestras vidas y que el día antes vamos a decidir no presentarnos. De cuarta. Se sabe: durante la época de preparación de un examen se nos ocurren las cosas más insólitas, como ordenar el ...

La otra mejilla

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"Cultivo una rosa blanca en junio como en enero para el amigo sincero que me da su mano franca. Y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo, ni cardo ni ortiga cultivo. Cultivo una rosa blanca" José Martí y la primera poesía que supe de memoria

Un cacho de cultura!!!!!

Y después de haber estado viajando en micro más de 55 horas, después de haber admirado paisajes hermosos, donde el cielo realmente es celeste, el agua azul - azul (o verde en "La laguna verde") y las montañas se parecen a esas que dibujaba de chiquita. Después de conocer mucha gente con buena onda, siempre dispuesta a entregar algo, ya sea una sonrisa, una historia o un mate medio lavado. Después de respirar verdadero oxígeno y de que, de tanto caminar, me dolieran partes de las piernas que yo ni sabía que tenía. Después de haberme reído a carcajadas por pavadas y de bailar arriba de una mesa... En pocas palabras: después de haber pasado unas hermosas vacaciones, he retornado a la gran ciudad, ¡a la metrópolis!, a mi Buenos Aires querido, en donde la temperatura ronda los treinta y pico de grados y la cara de la gente no es tan risueña. Lo malo: volver al trabajo; lo bueno: que hay aire acondicionado. Lo malo: tener que volver a adentrarme en la preparación de una materia par...

El trabajo y yo

Trabajar 10 horas por día definitivamente es algo a lo que no estoy acostumbrada. No es que la pase mal, porque trabajar, lo que cualquiera llamaría "trabajar", no trabajo. Hago "como que", mientras en realidad estoy respondiendo mails, leyendo boludeces (o no, a veces son cosas piolas) en internet, chateando con alguien y subrayando con resaltador rosa algún apunte viejo y denso que se resiste a ser leído con velocidad... Cada tanto suena el teléfono, me piden algo o entra algún motoquero que, a diferencia de la propaganda y de lo que algunos creen, no, no me tira onda (desde ya, que ni se atrevan... pobrecitos, no tengo nada contra los motoqueros, pero apenas cruzan la puerta invaden la oficina de un olor hediondo mezcla de bolsa de consorcio y chivo que ni se compara con el desodorante de ambientes más berreta del mercado). Y listo, el día se pasa, ya está, terminó, no fue tan largo. Sin embargo lo que me aburre y/o desconcierta es llegar a mi casa cansada y no t...